En esta elección chilena la ciberpolítica jugó un importante rol. Sin dudas el gran ganador de esta campaña, aún perdiendola, fue Marco Enríquez-Ominami, quien partiendo casi de cero, y con un importante empujón ciberpolítico, amenazó a la concertación chilena, al tener con posibilidades reales de entrar a la segunda vuelta y poner en dudas la vigencia misma de la concertación.
Una muy interesante
encuesta on-line realizó el diario chileno La Tercera, el RANKING NACIONAL de candidaturas presidenciales arrojó cifras muy semejantes a las que daban las, más ortodoxas, encuestas en hogares. Y es que aún cuando las encuestas hechas por Internet sigan teniendo importantes sesgos, cuando coincide un país con elevados niveles de penetración con muestras de gran tamaño y heterogeneidad, como en este caso, el Intenet se acerca a ser tambien un método de investigación de opinión pública muy confiable.
El candidato de la concertación tuvo serios problemas con su manejo de la Ciberpolítica. Esta es una dramática e imperdonable carencia en el país con mayores niveles de penetración del internet de América Latina (más del 50% mientras que el promedio de la región es del 29%). El hecho de haber diseñado una mala campaña Ciberpolítica no sólo tuvo implicaciones en este sub-mundo, sino mucho más graves: Trabajar mal los nuevos medios implica desligarse de un segmento fundamental: las audiencias más jóvenes de la población, sin las que ningún candidato puede hablar de futuro.
Los adelantos de la franja electoral, iniciados por el victorioso Sebastan Piñera en YouTube fueron otra novedad de la campaña de (algunas muestras en
www.youtube.com/watch?v=wXmIWUw6KAI)

Otra lección interesante que dejó la elección chilena fue en lo relativo al costoso uso (y abuso) del voluntariado en campañas. Cuando el excandidato Marco Enriquez-Ominami anunció su discreto apoyo al candidato de la concertación chilena, tomando así una difícil decisión personal, coherente con la trayectoria mas no con el mensaje de su campaña, algunos partidarios se disgustaron. Cosa natural, hasta cierto punto, en un fin de campaña en el que los ánimos suelen caldearse.
El problema ocurre cuando en su estructura de campaña se quiebran las jerarquías y las decisiones no se respetan (o no se transmiten, o no se explican adecuadamente). Fue lo ocurrido con losadministradores de uno de sus perfiles públicos en FaceBook (el primero y original, que contaba con el tope de 5000 amigos) quienes siguieron un camino aparte, tal como muestra la imagen.
Ominami no era el único díscolo de su equipo...