 La presencia de guerrilleros colombianos en Venezuela, sin el permiso del Congreso de ese país, dedicados a actividades de terrorismo contra nuestra nación, no sorprenden a nadie, pero son el caballito de batalla para que Uribe ataque a Chávez y éste se rasgue las vestiduras negándolo contra unas evidencias del tamaño de una catedral.
La extraña personalidad de nuestros dos gobernantes que se sirven del conflicto fronterizo para tapar sus propios pecados, nos ha llevado a que la extensa frontera no sirva de lazo de unión sino de muro de división. Chávez necesita alimentar el conflicto para ocultar los graves problemas económicos y sociales que afronta y Uribe los necesita para que la opinión no se concentre en los problemas que tienen sus colaboradores inmediatos con la justicia.
Hay una anécdota célebre, el ex embajador de Colombia en Venezuela y Presidente de los Estados Unidos de Colombia, don Manuel Murillo Toro, necesitaba aprobar una ley que en el Congreso tenía una gran oposición, se le ocurrió una idea genial, se hizo entrevistar de un periodista y declaró: “San Pedro nunca estuvo en Roma”. Ahí fue Troya, tronaron los púlpitos, los conservadores se rasgaron las vestiduras, la prensa de oposición dedicó todos sus espacios a rebatir la afirmación presidencial y, mientras tanto, con mucho cuidado, la famosa Ley fue aprobada porque a nadie le importaban ya sus consecuencias, el debate que a la opinión le interesaba era saber si San Pedro había estado o no en la ciudad eterna y Murillo reía. Una vez que la tuvo aprobada, Murillo llamó al mismo periodista y le dijo: “Yo estaba equivocado, San Pedro si vivió en Roma”. Había puesto a sus contradictores a disparar para otro lado mientras él se salía con la suya. Lo mismo está pasando en éste caso, cada Presidente está poniendo a la opinión pública a disparar para otro lado, mientras que tanto Chávez como Uribe sirven a sus propios fines.
El problema habrá que afrontarlo de una manera distinta, utilizando la diplomacia y no el micrófono al que son tan adictos Uribe y Chávez. Venezuela no puede sentir que Colombia es una amenaza para su estabilidad política y lo mismo puede decir nuestro país en relación con el gobierno vecino, si es que se quiere arreglar el problema definitivamente, porque si lo que se quiere es mantenerlo latente para exacerbar el nacionalismo y sacar dividendos electorales, el arreglo será imposible.
ETA en Francia, para España, era lo que las FARC en Venezuela son para Colombia y el problema sólo se arregló cuando el gobierno francés comenzó a colaborar y ya vemos que los principales cabecillas de la organización terrorista vasca caen como moscas en territorio galo. Pero nunca un gobernante insultó al otro o le faltó al respeto, nunca un gobernante quiso mover el odio de su pueblo contra el otro como se viene haciendo en este caso, cavando una fosa de desconfianza que tardará años en cerrarse.
En la frontera tiene que haber guerra, pero no de colombianos contra venezolanos, sino guerra contra el atraso y la pobreza, contra el comercio y tráfico de drogas, contra la trata de blancas, contra los violadores de la ley, el resto tiene que ser de propósitos comunes por construir infraestructura, suministrar salud y educación y activar mucho más una frontera tan viva como la que tenemos los dos países. Las dos naciones tenemos que “disparar para el mismo lado”, contra los enemigos comunes.
Bogotá D.C., julio 26 de 2010. |