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 Opinión: Esqueleto glorioso para el Babalao
Esqueleto glorioso para el Babalao
Sofia Montenegro  (Nicaragua)

Aunque en el continente la memoria política colectiva registra una galería de personajes esperpénticos, crueles, autoritarios y supersticiosos, todos los ojos se han vuelto a Hugo Chávez como el más destacado de la colección actual, tras la exhumación de los restos de Simón Bolívar.
Chávez dio la “primicia” en twitter y después narró en cadenas de radio y tv obligatorias la profanación de medianoche como si fuera un juego de beisbol. En un escenario propio de la serie Crime Scene Investigation (CSI) por las mascarillas y uniformes de forenses y militares, se abrió el sarcófago con redoble de tambores y acordes del himno nacional, juntando al horror, la ridiculez. Con voz trémula Chávez dijo: “Tiene que ser Bolívar ese esqueleto glorioso, pues puede sentirse su llamarada”, tras lo cual mandó a mostrar los huesos del desdichado Simón. Se sabe que el inquilino de Miraflores no practica el “ateísmo científico”, sino que es un practicante de la “palería” del culto de María Lionza (variedad venezolana de la Santería) que le serviría para conectarse con el espíritu de Bolívar, para lo cual Chávez habría sido consagrado por santeros cubanos Caballo de Changó, cuyo color “rojo, rojito”, ha impuesto por todos lados. En los rituales de palería, conocidos en Cuba como Palo Mayombe, se usan huesos humanos robados de tumbas profanadas para que el Babalao (sacerdote) haga el ritual y emita su oráculo. “¡Permiso! a los Orischas/al toque de los batá / inicia el Babalao el rito:/ ¡Entre cantos y brinquitos! (…)¡Shango! Observa en silencio, / las sonrisas de esos negros, donde todos sienten dentro: ¡La bendición de los muertos!” dice un poema al respecto.
Ya se puede imaginar uno el destino de los huesos de Bolívar y los de su no menos infortunada hermana, María Antonia que será desenterrada para cerciorarse que los huesos para el Babalao son efectivamente los que Chávez necesita para “reencarnarlo” y hacerse “invulnerable”. El periplo por los países del Alba de un puñado de tierra del cementerio de Paita, como simbólicos restos de Manuela Sáenz, completa la “genealogía” bolivariana de la que se quiere imbuir Chávez. La obsesión necrofílica tiene un motivo profundo: santeros cubanos predijeron en enero del 2010 que Chávez será derrocado este año por un golpe de Estado.
Ni un huesito de Sandino
Uno no puede menos que sentirse agradecido y alegre que Nicaragua no tenga ni un hueso de Sandino y que todo el territorio sea su tumba, para no ver el uso execrable y caníbal de sus restos, como le esta pasando a Bolívar. Aunque no hemos podido evitar ver como la figura de Sandino se convierte en un icono vacío, tras ser expropiado, manipulado y caricaturizado por el oficialismo. Ya lo advertía Sandino en una carta al poeta Froylan Turcios a quien afirmó que prefería volarse en pedazos con 100 quintales de dinamita y que digan que Sandino ha muerto “pero que no admitió que manos profanas de traidores e invasores, profanen sus despojos”. Nada que ver tiene Sandino con quienes pisotean la Constitución, se quieren perpetuar en el poder y hacen nuevas versiones del pacto del Espino Negro. Peor aún, con quienes propician la intervención política y la subordinación económica a los intereses y desmanes del delirante emperador del subdesarrollo, Hugo Chávez.
Desenterrando el gallo
Visto que no hay osarios que profanar, este 19 de julio presenciamos no sólo la exhumación de la revolución del 79, cuyos despojos se aprecian superficialmente en las banderas rojinegras y las también confiscadas canciones de la época, sino en la raída retórica –balbuceante, aburrida e improvisada como siempre- del “máximo líder”. Más parecía un concurso de “survivors” de los principales naufragios del socialismo: pedazos de la desplomada Rusia soviética, como Abjasia y Osetia, de la vieja guardia cubana, de nostálgicos de Mel Zelaya, de magistrados expertos en fraude como nuevo “comité central”, apologistas de revoluciones inexistentes y súbditos obligados por la necesidad y el miedo, que colmaron la plaza en la algarabía ritual del ungimiento del “candidato” Ortega. Sin legitimidad ni coartada para hacerlo con “todas las de ley”, a la conyugue anfitriona, maestra de ceremonia, agitadora, publicista, portavoz, oradora, cantante, bailarina, directora de comparsas, chamana que impide la lluvia, madre de la dinastía y auténtico Babalao del profeta, no le quedó más remedio que desenterrar la canción del “Gallo ennavajado” con la que su príncipe consorte perdió en 1990. Algunos dicen que justamente, por esa canción. Otros afirman que para reivindicarse por esa letra tan mala, su autor fue obligado –con cara de azoro y de bochorno- cantar el Cuñú-cuñú a la multitud.
Alexis, Orwell y Calle 13
En la desaforada búsqueda de simpatías electoreras, el Orteguismo está saqueando cuanto muerto se le pone a tiro. La más reciente víctima ha sido Alexis Arguello, cuya imagen ha sido petrificada en la denominada “plaza de las victorias”, en un confuso monumento donde lo que sobresale del tumulto arcilloso es una mano haciendo el signo de la casilla 2 y una figura de Alexis exangüe y mayate, como fantasma. Esta pieza de urbanismo es muestra del “barroco descalzo” del régimen y de un inconsciente que le ha jugado una mala pasada, pues en ese lugar fue donde la oposición convocó a la protesta contra el fraude electoral del 2008 y donde se inauguraron las maras para-partidarias para reprimirla. La gente ni corta ni perezosa descifró el significado orwelliano del gesto del poder, donde todo lo que se dice representa lo contrario: es decir, más que a “victorias”, alude a la derrota del orteguismo y la apodaron la Plaza del Fraude, donde exhiben la desvergüenza. La recompensa de las maras juveniles por tanto mortero, pedradas, golpizas y vandalismo: un concierto con la sin par rima de Calle 13: “…aquí te traigo juguito yambinga, coño zapatea que tú no eres gringa, yo te sacudo como un estornudo, te pongo a vomitar el desayuno, te enseño mi lenguaje hombruno y con él te vacuno…buu, buu”. Además de reconocerla como un agravio a la memoria de Alexis, la gente entiende que el orteguismo se erigió esta plaza, tal como dijo el poeta de la estatua que Somoza le erigió a Somoza, “porque sé que la odiáis”.
El que tenga ojos para ver…

Publicado originalmente en El Confidencial de Nicaragua.


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