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 Opinión: Sí, no más Chávez
Sí, no más Chávez
Plinio Apuleyo Mendoza  (Colombia)

Bajo este lema, la fundación Un millón de voces, compuesta por jóvenes activistas, ha organizado en el día de hoy movilizaciones en 117 ciudades del mundo, con especial despliegue en Bogotá, Caracas, Tegucigalpa y Santa Cruz. Será en Colombia una respuesta espontánea a las amenazas de Chávez y a su declarado apoyo a los llamados movimientos bolivarianos, probablemente al Polo y, sin duda, a los "Amigos de Colombia", tan bien vistos por las Farc. En Venezuela, será la protesta contra el viraje que convirtió una dictablanda en dictadura, desde el momento en que considera delito sancionable con años de cárcel cualquier manifestación contra el gobierno.

Mientras esto ocurre, el presidente venezolano inició una sospechosa gira por Libia, Irán, Siria, Rusia, Bielorrusia y Argelia. Su primera escala en Libia ha tenido en estos últimos tres días un aire de fiesta. Se celebran allí los cuarenta años de dictadura de su amigo Gadaffi con un vistoso despliegue de desfiles militares, aviones, globos aerostáticos, elefantes, camellos, escuadrones de acróbatas y bailarinas. Algo muy en el gusto de Chávez. Gadaffi, como él, es coronel, habla con orgullo de su revolución, es algo estrafalario y nada en inmensos recursos petroleros mientras su pueblo vive en la pobreza. Hermanos, sin duda.

El resto de la gira es menos folclórico y más inquietante. Stratford, una de las revistas de análisis estratégicos de mayor prestigio en Estados Unidos, asocia la gira a países como Irán, Rusia, Bielorrusia a los vientos de guerra anunciados por Chávez y al apoyo militar que busca en países interesados como él en resucitar la guerra fría. A nuestro vecino de la camisa roja no le bastan los once mil millones de dólares gastados hasta ahora por él en armas compradas a Rusia, China y España. Los investigadores de Stratford sostienen que Hezbolá está entrenando en guerra no convencional a contingentes venezolanos y a las propias Farc.

¿Simples alardes? Elizabeth Burgos, conocida escritora venezolana radicada en París, no lo ve así. "Chávez no miente al hablar de guerra", sostiene en un cuidadoso informe publicado en el semanario venezolano Zeta. Cuando afirma que otros países tomarán las armas si Venezuela es agredida, se refiere a sus aliados extracontinentales y a Cuba. Desde luego, el supuesto ataque del imperio es un cuento en el que nadie cree. Nada más ajeno a Obama. Si tal fuese un propósito de su gobierno, no necesitaría las bases colombianas. Como bien lo anota Saúl Hernández, le bastaría mover su Cuarta Flota.

Ahora bien, ¿a qué obedecen realmente los vientos de guerra de Chávez? A dos razones, en especial. La primera es la de encubrir con un conflicto militar las crecientes pérdidas de apoyo popular que revelan las encuestas. La segunda razón son sus delirios de megalómano. Quiere ser el adalid mundial de una lucha contra el imperio. Locura, claro. Pero locura animada por el propio Castro, por los iraníes y demás fundamentalistas islámicos.

Todo esto lo han pasado por alto los países de Unasur. No ven dónde está el peligro. En ellos -escribe Carlos Alberto Montaner- el antiamericanismo parece ser una pulsión ideológica más fuerte que la preocupación por el destino de una sociedad como la colombiana, amenazada por la peor pandilla de asesinos del mundo". Así lo han visto también conocidos periodistas en Europa.

"Si soplan vientos de guerra -escribe uno de ellos, el español Alfonso Usía-, que nadie mire a Colombia como origen de ellos. Nacen de Venezuela, de un títere golpista que puede sangrar a toda Suramérica para imponer sus delirios de grandeza". Muchos piensan como Usía. Es que el "no más Chávez" expresa ya un rechazo universal.


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