Hace unos días vi una calcomanía en el vidrio de un carro que decía: -Yo le creo a Daniel-. Su lectura me hizo recordar otros mensajes propagandísticos del Frente Sandinista en los que aparecen algunos de sus aliados -como Azucena Ferrey y Steadman Fagoth- diciendo lo mismo. Es obvio que toda esa propaganda tiene un objetivo: convencer a los electores de que Daniel Ortega ha cambiado; que ya no es el mismo de los años ochenta, y que por lo tanto, no hay nada que temer. Pero veamos qué tan cierto es eso, y dejemos que sea el mismo Ortega quien nos diga si ha cambiado o no.
En el informe que como secretario general del Frente Sandinista rindió al Tercer Congreso de ese partido en febrero de este año, Daniel Ortega dice lo siguiente: 'El FSLN también ha apoyado la organización y conformación de la Mathaba Mundial, creada en Trípoli en 1982 y reactivada en agosto de 2000, a instancias de la Gran Jamarhaiya Árabe Libia Popular y el presidente libio, Moammar El Kadhaffi, y en la que convergen Partidos Políticos, Movimientos Revolucionarios, Movimientos de Liberación y Fuerzas Progresistas en general en todo el mundo'.
Ahora bien, ¿qué es esa tal 'Mathaba Mundial' que Daniel Ortega y el Frente Sandinista apoyan con tanto entusiasmo y decisión? Pues se trata nada menos que de una organización radical de ultraizquierda, creada y reactivada por Moammar El Kadhaffi para combatir a los Estados Unidos y sus aliados. O sea, que la razón que aducía Kadhaffi para justificar su alianza con los sandinistas en 1984, y que era porque 'ellos combaten a los Estados Unidos en su propio terreno', no es cosa del pasado. Es cosa del presente, del año 2001.
Preguntémonos entonces: ¿le convendría a Nicaragua tener un presidente que es parte de una organización cuyo principal enemigo es Estados Unidos? Justo en este momento, cuando ese país se ha comprometido a librar una guerra sin cuartel contra el terrorismo, y que su Embajador en Nicaragua ha dicho que 'En este esfuerzo, Estados Unidos solicita el apoyo de todos los gobiernos de buena voluntad', ¿le podría convenir a nuestro país un presidente como Daniel Ortega? La respuesta tiene que ser un categórico ¡no!
Pero el que Ortega llegue o no a la Presidencia de la República no depende de Estados Unidos sino de nosotros los nicaragüenses que acudiremos a votar en las elecciones del 4 de noviembre próximo; depende de usted y de mí, apreciado lector.
La siguiente pregunta sería entonces: ¿es importante o no para Nicaragua tener relaciones estrechas y amistosas con Estados Unidos? La respuesta -qué duda cabe- es que sí. No sólo porque Estados Unidos es el principal abanderado y defensor de la libertad y la democracia en todo el mundo, sino por razones de estricto orden práctico que tienen que ver con nuestro estándar de vida y con nuestras posibilidades de desarrollo.
Recordemos que gran parte de la ayuda que recibe Nicaragua proviene de ese país y de sus aliados europeos. No podemos ignorar tampoco su enorme importancia como socio comercial ni su decisiva influencia en los organismos financieros internacionales y regionales, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y el Banco Interamericano de Desarrollo, que es de donde proviene la mayor parte de los préstamos que necesitamos para construir carreteras, escuelas, hospitales, etc. Y tampoco olvidemos que de Estados Unidos procede el grueso de las remesas familiares de las que dependen tantos nicaragüenses para su subsistencia. Y ni qué decir de las inversiones que necesitamos para generar empleos.
Por esas y muchas otras razones, a los nicaragüenses -ya seamos liberales, conservadores o sandinistas- no nos puede convenir un presidente como Daniel Ortega, que para satisfacer sus preferencias ideológicas y las de su partido, decidió reafirmar un compromiso con la red anti Estados Unidos que se dio cita en la llamada 'Cumbre de Organizaciones Antiimperialistas agrupadas en la Mathaba Mundial' que se celebró en Libia entre el 30 y el 31 de agosto del año pasado.
Daniel Ortega podrá vestirse de rosado, deshojar margaritas, y suspirar diciendo que 'el amor es más fuerte que el odio'. Podrá también mandar plañideros mensajes de condolencias a Estados Unidos o desplegar la bandera de ese país en 'El Repliegue', pero el decisivo compromiso que adquirió con esa rabiosa organización internacional de la Mathaba Mundial deja en claro que Daniel Ortega no le conviene a Nicaragua como presidente.