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| Opinión: Cuociente Intelectual |
| Paulina Gamus (Venezuela) 07/07/2006 |
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Hace algo más de siete años comenzó una discusión en el ámbito nacional que
aún se mantiene vigente: ¿Chávez es inteligente o bruto? Ninguna
encuestadora, que se sepa, se ha atrevido a hacer esta pregunta de manera
descarnada y directa, por lo que toda apreciación sobre las variaciones que
han ido experimentando las opiniones del público, en torno a esta pregunta,
es absolutamente empírica. Casi podríamos jurar que al comienzo de su
mandato sin fin, los partidarios del Comandante estaban convencidos de la
genialidad de su líder mientras que la Oposición en bloque lo percibía como
un individuo de pocas luces. Era un militar de mediana graduación que había
dedicado su vida no muy larga a planificar la manera de encaramarse en la
Presidencia. Ergo, no había dado tiempo para lecturas, viajes, roce social
ni otras formas de obtener un mínimo de cultura general. Además de inculto e
ignorante, era ordinario y pendenciero es decir que no tenía siquiera esa
decencia natural o don de gentes que invita a la indulgencia con las
carencias intelectuales.
Debemos agregar que además de bruto, a Chávez se lo consideraba loco; sus
arrebatos, impulsos y decisiones tomadas en el desvelo de las madrugadas, no
podían ser sino de alguien a quien le patinaba el coco. Numerosos
psiquiatras hicieron el perfil psicológico del personaje y hasta el suyo de
cabecera, el doctor Edmundo Chirinos, tuvo la osadía de declararle a un
periodista alemán de la revista Die Zeit, de Hamburgo, que Chávez tenía la
madurez emocional de un niño de trece años y que era incapaz de sentir
afecto por algo que no fuera el poder. Algunos ilusos hasta pensaron que
Chávez podía ser desalojado del gobierno con el expediente de su enajenación
mental, como le pasó a Bucaram en Ecuador.
Hoy, cuando todas las oportunidades de desembarazarnos de Chávez han
fracasado, la mayoría de quienes alegremente lo calificaron como bruto o
loco o ambas cosas, han cambiado de opinión. No estoy en capacidad de
asegurar si se puede ser bruto y al mismo tiempo un hábil político; muchas
veces oímos decir: fulano no es inteligente sino vivo o astuto o hábil. ¿Es
eso factible? Cuesta trabajo creer que quien muestra aptitudes para la
maniobra, el engaño, el histrionismo previamente estudiado, el populismo y
la demagogia, sea al mismo tiempo alguien de muy bajo cuociente intelectual.
Lo que si nos atrevemos a considerar como un hecho cierto es que existen
inteligencias especializadas o parciales: una persona puede ser un brillante
científico, un gran médico, un laureado ingeniero y carecer de talento para
cualquier otra actividad, especialmente las relaciones humanas. En otras
palabras, se puede ser inteligente en la profesión pero carecer de un mínimo
de inteligencia emocional que es la que permite que uno vaya por el mundo
sin atropellar a quienes nos rodean o se atraviesan en nuestro camino.
Chávez ¿quién lo duda? es hoy todo lo que quiso ser: alguien frente al cual
es imposible ser indiferente; se le quiere o se le odia pero no solo dentro
de las cuatro paredes venezolanas sino en el mundo entero. Sus aparentes
locuras, sus desplantes, sus exorbitancias ocupan titulares de prensa en los
cinco continentes y le generan adhesiones y rechazos, igual que en Venezuela
Muchos fuera del país se tragan el cuento de sus desvelos por los pobres,
su lucha contra el racismo y por la inclusión de los desposeídos. De bruto
ni un pelo, ha tenido el tino para regalar petróleo en sitios estratégicos
de la geografía latinoamericana y hasta en los Estados Unidos de
Norteamérica, en momentos en que los precios del crudo y de sus derivados
golpean el bolsillo de las clases medias y se hacen inalcanzables para los
pobres. No hay que ser un genio para descubrir cuán poderoso caballero es
Don Dinero, pero saber utilizar los petrodólares como arma de ablandamiento
político a nivel internacional requiere de ciertas luces.
¿Por qué, se preguntan hoy muchas personas, un hombre que no es bruto ni
loco, comete la estupidez de intervenir descaradamente en las elecciones
peruanas (como antes lo hizo en las bolivianas) e injuriar a uno de los
candidatos? ¿Midió Chávez en algún momento el daño que le hacía a
su favorito Ollanta Humala? ¿Ignoró que agredía el sentimiento nacionalista
de los peruanos con sus entrepituras? Es difícil responder si esos errores
fueron producto de la falta de inteligencia o de seso, en realidad las
personas más inteligentes y hasta sabias pueden en determinado momento
cometer equivocaciones garrafales, nadie es infalible. Pero en el caso
concreto del personaje a quien nos referimos y otros que como él se han
creído predestinados y ungidos por algún poder sobrenatural; resulta casi
inevitable que desarrollen una arrogancia y una megalomanía producto, sobre
todo, de la permanente adulación a que están sometidos. Su entorno es el
principal causante de los errores del jefe ya que le hacen creer que es
todopoderoso y que nadie puede sustraerse a su influjo mágico.
Por lo pronto Chávez ha sufrido su segunda derrota universalmente reconocida
la primera fue su renuncia el 11 de abril de 2002. Solo nos resta esperar
que la cordura
de los votantes mexicanos y nicaragüenses, sea similar a la de los peruanos
y que estas
naciones se sumen al grupo de las que no se dejan pisar por la planta
insolente del
neoimperialista presidente de Venezuela.
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