“Lobbying” son todas aquellas actividades mediante las cuales individuos, grupos u organizaciones procuran influir en las decisiones públicas. Los grupos de ciudadanos e intereses particulares se organizan y comunican sus preferencias a las autoridades en una forma de participación política muy extendida, sobre todo en Estados Unidos.
Tiene mala fama porque se asocia con el tráfico de influencias y la corrupción, lo cual es resultado en ocasiones de su insuficiente regulación y opacidad más que de su supuesta maldad intrínseca. En realidad, ejercido debidamente, el lobbying es una excelente fuente de información para los poderes públicos a la hora de tomar decisiones. A la vez, las consultas con los grupos afectados ayudan a que las regulaciones que finalmente se adopten sean mejor recibidas.
La democracia moderna no se entiende sin el lobbying, un elemento imprescindible en la formación de la opinión de políticos y tecnócratas. Tanto es así, que todos los sistemas políticos y administrativos democráticos -y menos democráticos- han institucionlizado el lobbying y lo han introducido en el proceso de toma de decisiones.
Ningún gobierno ni parlamento tiene suficientes especialistas para tomar decisiones sobre los complejos temas políticos de hoy -desde la regulación de pesticidas hasta una política de inmigración- sin contar con los informes que voluntariamente le proporcionan expertos del sector privado y la sociedad civil. Está claro que cada uno de ellos persigue su objetivo particular, pero las autoridades públicas deben poder disponer del máximo de datos y después decidir en favor del interés general. Si los poderes públicos favorecen los intereses de un u otro grupo en detrimento del resto del país, ya no estamos hablando de lobbying sino de una actividad delictiva de tráfico de influencias o corrupción.
Las palabras lobbying y lobbista vienen del inglés, derivadas de lobby. Lobby significa literalmente pasillo, corredor. La extensión de su significado original sucedió por primera vez en Inglaterra, donde se empezó a llamar despectivamente lobbyists a los periodistas que aguardaban a los miembros del Parlamento en los pasillos de la Cámara de los Comunes. Pero es en Norteamérica donde se originó y floreció esta actividad en su forma moderna. En los primeros tiempos de vida de la joven república norteamericana, el soborno de los representantes políticos para asegurar su voto era bastante poco disimulado. Lobby también es la céntrica zona de recepción de un hotel. Cuando el general Ulysses Grant fue Presidente de los Estados Unidos, después de la Guerra Civil, la Casa Blanca sufrió un incendio, cosa que obligó al Presidente y a su familia a alojarse en un hotel de Washington. Dicen que el Presidente se agobiaba con las masas de buscadores de favores e influencias que constantemente le acosaban a la entrada o lobby del hotel.
El año 1215 el rey Juan de Inglaterra otorgó a los barones de su reino el derecho de petición ante él para protestar cualquier violación de sus nuevos derechos bajo la Carta Magna. Más de 5 siglos más tarde, los colonos norteamericanos se sintieron tan humillados por el rey Jorge III que se revoltaron y reafirmaron este derecho tanto en la Declaración de Independencia como en la Primera Enmienda a la Constitución del incipiente país: el derecho de petición frente al Gobierno para corregir sus injusticias representa, todavía hoy, la base del ejercicio del lobbbying en los Estados Unidos.
El lobbying ha estado siempre parte integrante de la política norteamericana.
La misma creación de los Estados Unidos es obra de los insignes lobbistas James Madison, Alexander Hamilton y George Washington, que distribuían los Federalist Papers -que no eran más que libelos propagandísticos a favor de la Constitución- entre los creadores de opinión.
En puridad, el lobbying es tan antiguo como la acción colectiva en la especie humana. Dentro de la familia mismo, algunos miembros hacen presión sobre los otros para que se sumen a su opinión y la familia colectivamente decida ir de vacaciones un sitio en concreto, o comprar tal coche o ir a ver tal o cual obra de teatro. Los antecedentes del lobby político moderno los podríamos encontrar en Demóstenes, en la antigua Grecia, durante el siglo de Pericles. Con elocuencia y habilidad seducía y convencía a los ciudadanos de la legitimidad y conveniencia de las decisiones que perseguían las autoridades. Otro gran, digamos, “lobbista” fue Cicerón.
En Europa, las agrupaciones de intereses se remontan a las corporaciones y gremios de la Edad Media. En Francia, hasta la Revolución Francesa los colectivos de personas que tenían en común intereses fuera del ámbito profesional estaban privados del derecho a la ciudadanía. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano abrió las puertas al reconocimiento de asociaciones políticas, filosóficas y otras.
Los grupos de presión económicos y sociales en su forma actual surgieron como resultado de la Revolución Industrial. La expansión económica generó un diálogo, muchas veces antagónico, entre operadores y poderes públicos. La propia evolución económica hace aparecer nuevas asporaciones sociales, acompañadas de las correspondientes reivindicaciones al Estado.
Los grupos de presión son la expresión moderna de una realidad histórica tan antigua como los estados organizados. Los grupos de presión pueden perseguir intereses de todo tipo. Un ejemplo de objetivo político de una coalición de grupos de presión fue la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos. La coalición abolicionista fue tan poderosa que los estados a favor y en contra de la esclavitud acabaron dirimiendo sus diferencias en una guerra civil (1861-65).
El norteamericano A. F. Bentley fue el primero en escribir sobre grupos de presión con su obra pionera: The Process of Government de 1908. En Latinoamérica y en Europa, se empezó a publicar sobre el tema 50 años más tarde. Hay un retraso parecido en lo referente a la regulación de las actividades de los grupos de presión y los lobbies. |