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(LA ENTREVISTA: Felipe González)
Transcurridos seis días de los atentados terroristas más sangrientos de la historia de España, y sólo 48 horas después de la elección del candidato del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, a la jefatura del Gobierno, el ex presidente socialista Felipe González (1986-1996), aceptó un diálogo con CAMBIO. González, que acaba de cumplir 62 años, nos recibió durante casi dos horas en su casa en las afueras de Madrid.
CAMBIO: ¿Qué significa para España el triunfo de Rodríguez Zapatero?
FELIPE GONZÁLEZ: La recuperación del pulso democrático y del espíritu cívico, y un cambio de estilo de gobierno y de prioridades. Aznar había abandonado el diálogo, así como el espacio en política exterior en el que estábamos en Europa y en América Latina. Ahora habrá una relación de respeto, y no de sumisión, con Estados Unidos. La gente ha dado un ejemplo democrático esplendoroso. He oído decir a algunos que aquí se ha votado por miedo, pero lo que se ha visto en Madrid y en otras ciudades ha sido lo contrario: era una afirmación cívica contra el terror. El Partido Socialista estaba subiendo en las encuestas y, tal como lo escribí antes del 14 de marzo, iba a dar una sorpresa. El fenómeno se aceleró porque la gente estuvo en contra de una manipulación informativa muy seria, y pensó que no se le estaba diciendo la verdad, algo que ya había ocurrido conel manejo de otros episodios, como la catástrofe del Prestige. Eso hizo que el Partido Popular se desfondara.
Algunos en la prensa internacional afirman que Rodríguez Zapatero le debe la elección a los atentados terroristas, y que ese es un mal precedente.
No han sido los atentados. Lo que hubo fue un error dramático del Gobierno porque intentó confundir. Pensó que si el domingo de elecciones la gente creía que ETA había sido la responsable de las bombas, el Partido Popular ganaría. Mire, lo normal en este tipo de situaciones de terrorismo es que la ciudadanía se refugie en el poder, en el Gobierno. Pero aquí la gente comprendió que no se le estaba diciendo la verdad.
Hasta hace poco se decía que Rodríguez Zapatero era mal candidato. Incluso en los programas de humor lo llamaban Sosomán ¿No será que, más que un triunfo socialista, lo que sucedió fue que el PP perdió las elecciones?
Desde luego ha perdido el PP, pero no conviene olvidar que Zapatero ha sumado tres millones de votos a los que sacamos en 2000. Las victorias tienen una cantidad de padrinos terribles y las derrotas son solitarias. Este hombre ha hecho una gran campaña, no cabe la menor duda. Lo que yo conozco de él -tampoco soy una autoridad- es lo que se ve. Es un hombre tranquilo al que difícilmente se le quiebra el equilibrio, lo cual es mucho decir con lo que ha pasado. Tiene esa cosa que los chinos, herederos de Confucio, llaman "centralidad de carácter". Algunos que estaban en el poder lo llamaban Zapatito, y él les ha dado un zapatazo. Y claro que uno de los elementos de su triunfo fue el hartazgo de los ciudadanos por el estilo arrogante de una persona con una inteligencia mediocre como Aznar.
"Uribe sabe que le irá mejor con los socialistas que con el Gobierno actual."
A Aznar hay que reconocerle éxitos en la lucha contra ETA y en la gestión económica.
En la lucha contra ETA ha habido éxitos. Algunos vienen de atrás. El debilitamiento de la banda empezó a producirse desde los Juegos Olímpicos del 92 y la Exposición Universal en Sevilla, que a ETA le parecían claves para doblegar al Gobierno. Desde entonces, nunca ETA ha vuelto a ser lo que era. Matar, mata, pero ha perdido capacidad. Se convirtió en una banda mafiosa. En cuanto a la economía, la recuperación comenzó en el 94 durante la gestión del ministro Pedro Solbes. Ese año estábamos en tasas de crecimiento como las de hoy. El PP ha manejado bien la macroeconomía, pero el modelo económico en el que se ha basado es de ladrillo y cemento, y ya se agota.
Un analista del diario conservador madrileño ABC dice que con Rodríguez Zapatero será más difícil que el presidente Álvaro Uribe consiga apoyos en España.
Yo tengo un amigo de 90 años que siempre lee ABC porque, según dice, si piensa lo contrario de lo que dice el periódico, no se equivoca. Conozco al presidente Uribe y él sabe que le irá mejor con los socialistas, que con el Gobierno actual.
¿Cree que la política de Seguridad Democrática del presidente Uribe es la solución para los problemas de Colombia?
El presidente Uribe es, tal vez, con el que menos relación histórica he tenido. Es verdad que me van pesando los años desde que era el más joven de la tribu. Pero debo decir que él me parece muy serio y muy responsable con su país y con la Historia. Muy serio y muy responsable, y la comunidad internacional debería prestar atención a ese esfuerzo. Me resultaba casi imposible imaginar que en un período tan corto como es la Presidencia, y para nunca jamás, se pudiera producir un cambio histórico del calado y de la envergadura que necesita Colombia. Eso me lleva a una conclusión, y tiene que dejarme decirla porque la llevo en las tripas desde hace mucho tiempo: en Colombia está por hacerse un pacto entre todas las fuerzas políticas, que supere un período presidencial, y cuyo objetivo sea superar la violencia dentro de una sociedad democrática incluyente.
Pero hay dirigentes de izquierda que critican la política de Uribe.
Hay colegas europeos, y amigos míos del alma, a los que les encantan las revoluciones lejanas. Nunca quieren tenerlas en casa. Desde lejos las observan como un vídeo. Yo no diferencio entre quien mata argumentando que es de izquierda y quien lo hace argumentando que es de derecha.
Un sector político colombiano impulsa la reelección inmediata de Uribe.
Eso me gustaría, siempre y cuando la decisión fuese impulsada por quien no estuviera en el poder. Lo que pasa es que tradicionalmente en Colombia los primeros seis u ocho meses de cada gobierno han sido de euforia, y a partir de allí, de desesperanza absoluta. Yo no recomiendo a ningún gobernante en ejercicio que cambie las reglas del juego, por mucha falta que haga.
Lo hizo en Brasil el presidente Fernando Enrique Cardoso.
Sí, pero con un acuerdo político amplísimo.
¿Le gusta la idea de un intercambio humanitario en Colombia?
Le diré una cosa que la gente puede entender mal. En esto, cada uno tiene su opinión y la expresa, y ahí nos parecemos mucho colombianos y españoles. Aquí pocos han hecho caso a lo que decía Azaña: "Si cada español hablara de lo que sabe y sólo de lo que sabe, se haría un gran silencio nacional que podríamos aprovechar para estudiar". En todo caso, pienso que quien debe medir lo del intercambio, que es algo que me gustaría porque aliviaría mucho dolor, es Uribe.
"El PSOE estaba subiendo en las encuestas y, como lo escribí antes del 14 de marzo, iba a dar una sorpresa."
¿Cree que es posible derrotar el terrorismo internacional con la estrategia que está en marcha?
No. Y no lo digo a toro pasado. Lo dije mucho antes de la guerra en Iraq y de que se iniciara esta aventura disparatada de resolver con invasiones una amenaza real. En esta lucha, el 85% del trabajo es una buena coordinación de los servicios de inteligencia. Es tener un mapa claro de por dónde andan los terroristas y quiénes son. Además, vamos a pagar caro el hecho de que se esté alimentando la corriente de base del terrorismo internacional. No se pueden cometer errores como esos. Hoy el mundo es más inseguro que antes, por eso no me gusta la estrategia de Bush. En todo caso, ninguna estrategia contra el terror, ninguna, es de costo cero y de éxito 10.
Si en ningún país árabe hay democracia, ¿cómo cree que se podrá imponer en Iraq?
Hay países árabes que están evolucionando hacia sistemas más participativos. Marruecos es uno de ellos. Pero, ni Occidente ni nadie puede imponer esos sistemas. En Iraq se cometen muchos errores, y se los describo a continuación en un sketch. Queremos que los iraquíes voten libremente y para eso hemos hecho la guerra. De pronto, el ayatolá Sistani, líder de la mayoría chiíta, viene y dice: "De acuerdo, déjennos votar y váyanse". Y contestamos: "Queremos que voten libremente, pero no por usted". Grave. Y lo triste es que las muertes diarias en Iraq se empiezan a registrar con letras más pequeñas en los periódicos. Me recuerda a Vietnam cuando comenzaron a enterrar gente en silencio. Y ni hablar de las mentiras que dieron origen a la guerra o de que en la Carta de las Naciones Unidas no hay un artículo que permita la invasión a un país si su régimen no le gusta a la comunidad internacional.
¿Le gusta John Kerry como alternativa a Bush?
He trabajado con Reagan, con Bush padre y con Clinton. Veo que Kerry puede dar seguridad. Le deseo lo mejor. No me gusta la estrategia de Bush, y yo, a diferencia de Aznar, que dijo que iba a ir a ayudarle al actual presidente, no estoy en campaña en Estados Unidos. Aznar podrá ir. Ahora tiene mucho tiempo libre.
"Uribe me parece muy serio y muy responsable con su país y con la Historia."
Samuel Huntington, el profesor de Harvard, autor de El choque de las civilizaciones, acaba de terminar un libro, ¿Quiénes somos?, en el que dice que los hispanos amenazan la unidad de Estados Unidos. ¿Qué opina?
Temo que eso induzca a un rechazo a los hispanos en Estados Unidos, que es un gran, gran país. Y me preocupa porque son muchos los valores que comparte ese mundo con el mundo anglosajón. Cabría, sin embargo, recomendarle al señor Huntington que, para que resuelva esto de una vez por todas, le pida una opinión al general Ricardo Sánchez, que manda las tropas norteamericanas en Iraq.
La Unión Europea quiere un fácil acceso de sus productos a América Latina, pero les cierra puertas a los productos latinoamericanos. ¿No es una hipocresía?
Hay una gran hipocresía mundial y no sólo de la Unión Europea. Le contaré una anécdota... Cuando en 1988 hicimos la primera reforma de la política agrícola de la Unión, los europeos perdimos el 25% de nuestra participación en el comercio agroalimentario mundial. El argumento era que los países productores no podían soportar semejante competencia desleal. Lo increíble es que el 95% de ese porcentaje perdido se lo quedaron Estados Unidos, Canadá y Australia. Yo viví esa experiencia y hay que plantearse algo distinto. La organización de los intercambios internacionales favorece a los poderosos. Y mi experiencia me dice que el principal responsable de esto es Estados Unidos, cuya política es la siguiente: "Mi mercado es mío, y el suyo, si usted quiere ser un buen liberal en comercio, lo comparte conmigo". Una vez visité una industria cárnica en Moscú, y los cerdos venían de Ohio.
¿El ingreso este año de 10 nuevos países a la Unión Europea implicará menos atención a Latinoamérica?
No creo. El problema de la Unión Europea, lo digo con respeto, es que no parece tener claro a dónde quiere ir. Si usted observa bien, el debate sobre la Constitución europea se refiere a cómo se reparten el poder los países miembros, y no para qué quiere poder la Unión. Cuando eso se empiece a definir, emergerá América Latina como el aliado natural. Algunos dirán que yo tengo una especie de intoxicación latinoamericana, y no les falta razón.
"No recomiendo a ningún gobernante en ejercicio que cambie las reglas del juego, por mucha falta que haga."
Cuando se les pregunta a los políticos españoles qué hacer con la inmigración, las respuestas son lugares comunes. ¿Es que no hay una política?
Mire, con la inmigración no hay otro remedio que neutralizar la demagogia interpartidista. Este país, siempre de emigrantes, es ahora de inmigrantes, lo que indica que nuestra democracia ha sido exitosa. Eso debería figurar en los libros de historia. Cuando a Zapatero se le ocurrió decirle al PP que hicieran un pacto de Estado, decía algo serio. Es la única vía para empezar a resolver el problema, de verdad. Esta fiesta tiene que acabar. Lo paradójico es que muchos de los que gritan para que los inmigrantes se vayan son los que más los necesitan como trabajadores.
¿Qué opina de Lula, el presidente del Brasil?
Es un hombre que se ha echado sobre su espalda al Estado brasileño. Lo llamativo es que no quiere inventar el Brasil; quiere reformar la realidad brasileña. Toma a Brasil como es y esto me parece una lección fantástica, le da peso. Lula tiene eso que los griegos apreciaban tanto y que los latinos despreciamos: el pragma. Ojalá acierte porque no hay nada más difícil en un gobernante, que la administración de las expectativas que despierta.
¿Y de Hugo Chávez?
Es un presidente votado arrolladoramente por una crisis política tremenda y por un hundimiento de los partidos políticos. No conviene olvidar que lo intentó por las botas y después por los votos, y que hizo una Constitución a su medida. En ella quiso demostrar que iba a ir más lejos que nadie en la "democratitis" y sometió la propia presidencia a referéndum revocatorio. Llegado el momento, no parece que esa sea su intención. Nadie puede decidir quiénes son buenos venezolanos y quiénes no. Un gobernante tiene la obligación de mantener unidos a sus ciudadanos -algo que ha logrado Lula-. Hoy vemos a Venezuela más desgarrada que nunca.
"Ninguna estrategia contra el terror, ninguna, es de costo cero y de éxito 10."
¿Y Fidel Castro?
A Fidel lo he tratado con claridad y con respeto durante muchos años. Él ha hecho lo mismo casi siempre. Algunas veces ha faltado a ese respeto. Quiero contarle aquí algo que no había contado. Un día Fidel me dijo: "Para mí es un sacrificio, y no un gusto, estar donde estoy". En un tono de absoluta cordialidad le respondí: "Pues pregúntales a los cubanos, a lo mejor no quieren que te sigas sacrificándo". Eso resumiría la angustia que me produce la posición numantina de Fidel. Gobernar no es encerrarse en Numancia. Se podía encerrar a un líder político en las justas medievales, pero no a todo un pueblo en la actualidad. Y como no es momento de alimentar críticas innecesarias, estoy convencido de que en el año 2005, que es el próximo -y esto también voy a decirlo por primera vez en público-, el bloqueo de Estados Unidos a Cuba va a desaparecer, gane quien gane las elecciones para ocupar la Casa Blanca. Así que el escenario va a ser completamente distinto.
¿Está convencido o está informado de lo que está diciendo?
Estoy convencido. Y si me pregunta si tengo información o si se trata de una opinión, le contestaré: tengo información, no es una opinión. Tengo información de que eso va por ahí.
¿Si se levanta el bloqueo, Fidel Castro se cae en 24 horas, como pronostica Carlos Fuentes?
En 1983, en la posesión de Raúl Alfonsín, me encontré con el viejo Bush, que era vicepresidente. Le dije que dos décadas de bloqueo no habían dado ningún resultado; que cambiaran la estrategia. Él, con quien he tenido una buena relación, me respondió: "¿Y cuánto habría que esperar? Usted es muy joven y yo no puedo esperar tanto". Le contesté que el problema no era lo que hiciéramos él y yo, sino lo que deben hacer los responsables respecto de la Historia. Esto fue mucho antes de que apareciera el Gorby.
"No me gusta la estrategia de Bush y veo que Kerry puede dar seguridad."
Millones de latinoamericanos se quejan de que la democracia en sus países no les resuelve el problema de la pobreza. ¿Está fracasando esta forma de gobierno en la región?
La democracia no es un sistema para luchar contra la pobreza, sino para ordenar la convivencia en libertad. En España, el período democrático ha supuesto la mayor transformación de bienestar y desarrollo. Eso quiere decir que es posible, que en América Latina también lo es.
Se habla de su vinculación a un proyecto para renovar la izquierda latinoamericana impulsado por el empresario mexicano Carlos Slim.
Es una pregunta de broma. Carlos Slim es un tipo excepcional, comprometido con el desarrollo de México y América Latina pero, sobre todo, es un empresario, no un político. Me preocupa la construcción de una sociedad mejor en Latinoamérica y tengo relación con todos los sectores para aportar experiencias y mi rebeldía contra la injusticia. Con seres humanos como Slim hay que contar para la tarea transformadora.
Usted ha conocido muchos líderes políticos. ¿A quiénes destaca y por qué?
A varios, pero empezaré por el más distante, al que la Historia pondrá en su sitio cuando se hable del siglo XX: Deng Xiao Ping. La gente no va a entenderme hoy, pero cada día va a entenderme más. En Europa, Olof Palme era un tipo de una inteligencia excepcional y Willy Brandt, de una humanidad excepcional. Helmut Kohl me ha parecido el Canciller más importante de Alemania, desde Bismarck. Pero, mire, he aprendido mucha más política en mi relación con América Latina. Allá conocen los meandros, las dificultades. Por eso ha sido y es mi pasión.
Por Juan Carlos Iragorri, corresponsal de CAMBIO en Madrid, con el ex presidente Felipe González Madrid, marzo de 2004
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