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| Novedades: Lecturas Nro. 17 del año 2001 (Al 24 de Mayo) |
Lecturas Nro. 17 del año 2001 (Al 24 de Mayo) DEBATE
DE IDEAS
Alfonsín, Chaco Álvarez, Touraine
LA POLÍTICA ¿ES INÚTIL?
Partidos y en
el callejón
En 1999, el
triunfo de la Alianza insinuó una
revalorización de la política. Pero la
crisis de la coalición, con la renuncia del
vicepresidente Álvarez, y la recurrente
incomodidad de la economía, que arrastró a
los ministros Machinea y López Murphy,
volvieron a devaluarla. Su destino está
nuevamente en cuestión.
VICENTE MULEIRO.
De la Redacción de Clarín.
No queremos
hechos, queremos promesas", se leía en 1997
en una paredón de Medellín. El graffiti invertía
el lugar común sobre el martilleo prometedor de
la política y pedía que los dirigentes
volvieran a anunciar buenas nuevas ante la
abundancia de desdichas con que cargaba el
presente. En la Argentina también hay una
inflación de hechos sombríos mientras faltan
perspectivas, proyectos de país. En los últimos
meses, con el acelerado devenir de tres ministros
de Economía, la sobredeterminación de los
mercados arrinconó aún más a la política y a
los políticos. Pero esa raza encorbatada ha
dejado que las cosas sucedan y ahora padece su
erosión. La última encuesta del Centro de
Estudios para la Nueva Mayoría le da a los
partidos el 4 por ciento de imagen positiva, detrás
de la Iglesia Católica, los medios, los
militares, la policía, el empresariado, la
justicia y los sindicatos. Es demasiado para un
país en el que la proscripción siempre caminó
de la mano del incivismo y de la tragedia. Es
mucho para el transcurso de una década y media.
En 1984, según la consultora Mora y Araujo, los
políticos, como contrafigura de los militares,
eran aprobados por un noventa por ciento de la
gente.
La impotencia de
la política fue abonada en los últimos días
por la salida de Chacho Álvarez, el ex
vicepresidente y ex jefe del Frepaso que pasó a
lo que llama "vida civil" y trató de
imprimirle a su retirada cierto aire de digno
hastío moral y la sensación de que hay muros
que no se pueden derribar. Más directo y escatológico
fue Eduardo Duhalde quien había dicho, el último
15 de noviembre, que "la dirigencia política
es una mierda". El ex gobernador bonaerense
se autoincluyó y, en tren de no sentirse
corporativamente solo, sumó a empresarios y
sindicalistas.
La devaluación de
la política profesional incluyó al presidente
Fernando de la Rúa, quien subrayó el
desdibujamiento de su imagen positiva con el
voluntario paso a segundo plano que supuso el
nombramiento de Domingo Felipe Cavallo.
Es verdad que la
depreciación de la política y de sus oficiantes
-los partidos y los dirigentes- es un fenómeno
mundial. El sociólogo Pierre Bourdieu, ya en
1992, criticó a la dirigencia del mundo
occidental por entramparse en el lenguaje de la
racionalidad económica. Amonestó: "Los políticos
carecen de ideales movilizadores. Su
profesionalización y las condiciones exigidas
para hacer carrera en los partidos excluyen cada
vez más a las personas inspiradas". Sin
embargo, no todos los diagnósticos coinciden.
Hace una semana, la gobernadora de Canadá
Adrienne Clarkson, de paso por Buenos Aires, se
asombró del acorralamiento político de sus
colegas argentinos con esta frase: "Es
irreal decir que los mercados nos dirigen. Los
responsables siempre son los gobiernos y así hay
que exigirlo ".
Raúl Alfonsín:
La tremenda equivocación del discurso único
impulsada por el neoliberalismo, según la cual
el Estado no debe interferir en la marcha de la
economía y los asuntos públicos, nos ha
conducido a esta crisis y ha generado esta
globalización insolidaria que multiplica la
desigualdad entre los países y hacia adentro de
los países. En este momento estamos viviendo la
inercia de las medidas tomadas durante diez años.
Los problemas que generan la deuda y el sector
externo producen la pérdida de la decisión
nacional. La vinculación de la política con el
bienestar es una batalla cultural que estamos
perdiendo en manos del neoliberalismo. Hoy parece
derrotada la idea de que la economía debe estar
al servicio de la gente.
Eduardo Duhalde:
Si hay una lucha entre la dirigencia política y
los mercados por la hegemonía del poder lo que
hoy está claro es que la política hoy lleva las
de perder porque su dirigencia está muy mal.
Esta puja entre política y mercado es fuerte.
Para ganarla se necesita de la convicción que
dan los ideales y los partidos han perdido esos
ideales, han perdido todo. Las marejadas
ultraliberales han producido un efecto catastrófico
dentro de las fuerzas políticas, mercantilizándolas.
Para nosotros es especialmente desastroso porque
el peronismo nació luchando contra las oligarquías
económicas y hoy se ha conformado una oligarquía
política: los que se acercan a la política ya
lo hacen pensando en la rentabilidad. En los
partidos políticos más estructurados no existe
el fervor militante. No hay una pegatina de
carteles que no se tenga que pagar, no hay una
pintada que no se tenga que pagar. No hay mística,
ni militancia.
José Manuel De la
Sota: Los sucesivos ajustes transforman a la
democracia ante los ojos de la gente en el
gobierno de los políticos en lugar del gobierno
del pueblo. Esto no significa que el político
tenga permiso para hacer demagogia adoptando
medidas "populares" que puedan llevar a
la ruina al sector público. Significa que está
obligado a elaborar e implementar un programa
realista que tienda a la creación de riqueza, a
su distribución más equitativa, al equilibrio
fiscal y a brindar soluciones. En estos días se
habla mucho sobre el aspecto financiero de la
actual crisis y poco de su dimensión política.
Sin embargo, el detonante del súbito incremento
del riesgo país no ha sido el incumplimiento de
alguna obligación por parte de la Argentina o
una oleada de protestas sino la renuncia de su
vicepresidente.
Chacho Álvarez:
La dirigencia hasta se da el lujo de hacer
discursos contra el modelo pero está distraída,
no busca reformular la acción para que la política
vuelva a ser productiva. Hay que salir del
teorema de la doble imposibilidad ¿Cuál es ese
teorema? Los mercados y sus usinas intelectuales,
llámense FIEL O CEMA, viven la política como
ruido. Creen que si pudiera terminarse la política
sería más beneficioso, toman la política en
clave de demagogia, populismo o distribucionismo
anacrónico. La consideran inviable. Del otro
lado está la sociedad para la cual la política
es sinónimo de delito. La crisis política no sólo
perjudica a la política, puede lesionar a la
democracia. Hay que empezar a preguntarse cuánto
puede convivir la democracia con tanta
desigualdad y tanta pobreza y con tanto feroz
cuestionamiento a la política que se palpa en la
vida cotidiana. Hoy dos partidos proponen al
mismo ministro de Economía. Si esto sucede es
porque la política no tiene nada que decirle a
la sociedad.
La encrucijada
de los partidos
Alfonsín: Lo que
sucede no es sólo culpa de los partidos. Hoy se
impone una concentración del poder económico
que no quiere que sus intereses sean
intermediados por el gobierno, es decir por la
política. Nos estamos acostumbrando -me
incluyo-, los políticos, los periodistas y los
empresarios a una subcultura funcional que
implica una pérdida de valores. Discutimos cómo
combatir al adversario político, como pegarle
mejor en los tobillos, el periodismo hace notas
color o busca en la discusión interna. Hay un
exceso de internismo. Hay muchas cosas que
cambiar pero la política es lo único que hace a
un sistema democrático de representación y la
democracia representativa no puede existir sin
partidos políticos, porque eso traería
consecuencias de orden corporativo y nos acercaría
al fascismo. Se puede hacer política donde se
quiera, dentro o fuera de los esquemas
partidarios. Pero la misma Constitución
establece que es una obligación del Estado
defender a los partidos políticos. La política
es diálogo: hay que conversar, convencer
negociar y discutir. Si la política no es diálogo,
es violencia.
Duhalde: Los
partidos políticos fuertes de la Argentina pasan
por una situación lamentable. El justicialismo
es un desastre. El presidente del partido viaja a
Escobar a apoyar a un extrapartidario y el
apoderado partidario, aparece conformando una
fuerza política nueva y proponiéndose él mismo
como senador. Somos una murga, esto es una
descomposición. Lo que espero es que los líderes
emergentes que para mí son Carlos Ruckauf, De la
Sota y Carlos Reutemann, en ese orden, den un
paso adelante y se animen a conducir porque sino
no vamos a ser alternativa de nada. También me
gustaría que hubiera uniones transversales. Pero
bueno, Chacho que es un hombre apto para ese tipo
de empresas, se fue a su casa y Alfonsín está
haciendo equilibrio porque tiene un Presidente
con el que no coincide para nada. No veo claro el
panorama.
De la Sota: Los
conflictos internos de la Alianza, la sucesión
de postergaciones y de decisiones
contradictorias, las crisis de gabinete, han sido
el principal motivo de desconfianza de los
agentes económicos externos e internos. Quiero
creer que el gobierno nacional se concentrará en
la tarea de conducir al país y que ello provocará
el shock de confianza que el país necesita para
aliviar el peso de sus obligaciones financieras.
Este camino es el único que puede ayudar a De la
Rúa a revertir el proceso de deterioro de su
nivel de popularidad ocurrido durante los últimos
seis meses. La Alianza no podrá encontrar una
solución a sus problemas vendiendo ilusiones,
como sucedió con el blindaje o perdiendo el
tiempo en idear maniobras electoralistas. El
votante argentino es, en general, muy racional y
se guía, sobre todo, por los resultados.
Álvarez: Con la
Alianza hiperdependiente de su ministro de Economía
no la veo en condiciones de debatir el papel de
la política ante los mercados. El PJ, sin haber
replanteado lo que pasó con la Argentina de los
90, ni replantear su rol luego de haber sido
transformado en instrumento del liberalismo
ortodoxo, ve la posibilidad de llegar al gobierno
en el 2003 con el candidato que funcione mejor en
las encuestas. Es curioso, pero el esquema de
partidos en la Argentina sigue siendo fuerte,
desligitimado pero fuerte. Un ejemplo es el PJ
que después de haber vaciado a la política en
la época de Menem y de haberla asociado al
delito tiene capacidad para reproducir referentes
electorales. Eso permite estimular la imagen de
que es un partido del poder y que su salida es
solamente un paréntesis. Me parece que la crisis
profunda la va a tener la Alianza y el
radicalismo.
Pistas para una
salida
Alfonsín: Los que
pensamos parecido tenemos que unirnos en alianzas
progresistas. En este momento veo dificultades
pues mucha gente que piensa de manera similar no
puede llegar a acuerdos por temor a ser
sospechada de buscar un pacto sucio, de
impunidad. Ese es un problema enorme para el país.
Hay que procurar una política de Estado y
ubicarse por encima de todos los sectores. Eso es
lo que pienso hacer en el Senado, ubicarme con el
propósito de sacar de la competencia minúscula
aspectos básicos y fundamentales. Mi idea es que
en la política deben participar todos por eso
estoy en contra de que al tercer sector de la
economía, las mutuales, las cooperativas y a las
ONG se las llame "sociedad civil". Son
parte activa de la sociedad y en buena hora que
se manifiesten.
Duhalde: Nosotros
vamos a lanzar el voluntariado político. La política
comienza por el ámbito municipal, esa es la
primer política, la que trabaja, la que la gente
ve. El voluntariado político tiene que
equipararse al voluntariado social. Entre
cooperadoras, sociedades de fomento, clubes, etcétera,
en la Argentina hay casi cinco millones de
voluntarios sociales. Ese gran voluntariado está
enfrentado a la política. Pero la política es
la única manera de cambiar las cosas en una
democracia. Quiero conformar un voluntariado
donde el que trabaje en política no tenga
remuneraciones. Hace falta una mística ciudadana
para que los que tienen poder financiero no lo
compren todo. Por otra parte creo que los
partidos tradicionales no van a ser hegemónicos.
Salvo que aparezcan con fuerza nuevas figuras va
a haber mucha diáspora. (Elisa) Carrió es una
dirigente que está apareciendo, como outsider
del radicalismo, me parece muy interesante. Y,
repito, hay que seguir el desarrollo de Ruckauf,
de De la Sota y de Reutemann.
De la Sota: En las
actuales circunstancias, dado que el país padece
ahora una severísima y prolongada recesión, una
reconciliación entre los políticos y la
ciudadanía sólo es posible en torno de un
programa de reactivación económica basado en
políticas activas de promoción industrial: políticas
creadoras de empleo, tales como las acordadas
entre las provincias y la autoridad económica
nacional para la producción de bienes de
capital, calzado, textiles y otros productos.
Luego, la solución inmediata a los problemas del
momento reside en que el gobierno deje de
confundir el marketing político con la política,
elija un rumbo definido y se juegue por aquello
que eligió sin reticencias ni deserciones
internas. Cuenta a su favor con un pueblo
paciente, aguantador, que ha limitado sus
demandas a la búsqueda de soluciones parciales a
sus penurias. Y con una oposición constructiva,
respetuosa, que ha votado todas las leyes que el
Poder Ejecutivo consideró necesarias.
Álvarez: No veo a
la política cambiando en un corto plazo fuera de
algunos retoques demagógicos para complacer a
los mercados, a las demandas de FIEL o de CEMA o
pequeños retoques del tipo Ruckauf, hechos
mientras se miran las encuestas de reojo. Acá no
pasan cosas más graves porque la sociedad
reaccionó bien ante el mesianismo carapintada,
por la memoria trágica del autoritarismo y
porque está el apoyo de Estados Unidos a este
tipo de democracias. No creo que se produzca una
crisis grande, como pronostica Elisa Carrió ni
que haya una "mani pulite" que obligue
a la política a revisarse a sí misma por el
estado de nuestra justicia. Tampoco creo que haya
liderazgos fuertes fuera de las estructuras
conocidas. Sí se ve, en el crecimiento de la
diputada Carrió, que la sociedad sigue buscando
figuras con una mirada dura y crítica ante el
sistema establecido.
Parecidos y
diferentes
CHACHO ALVAREZ
Hoy dos
partidos proponen al mismo ministro de
Economía. Si esto sucede es porque la
política no tiene qué decirle a la
sociedad.
El esquema
de partidos es fuerte. Un ejemplo es el
PJ, que vació a la política y sigue
reproduciendo referentes electorales.
No creo en
una crisis grande, como dice Carrió, ni
que haya una "mani pulite" que
obligue a la política a revisarse a sí
misma.
EDUARDO DUHALDE
Si hay una
lucha entre la política y los mercados
por la hegemonía del poder, lo que está
claro es que la política es la que está
perdiendo.
El
presidente del PJ va a Escobar y apoya a
un extrapartidario. El apoderado lanza
otra fuerza y se candidatea. Es una
murga.
Creo que
los partidos tradicionales no van a ser
hegemónicos. Si no aparecen con fuerza
nuevas figuras va a haber mucha diáspora.
RAUL ALFONSIN
La
vinculación de la política con el
bienestar es una batalla cultural que
estamos perdiendo en manos del
neoliberalismo.
No todo es
culpa de los partidos. El poder económico
no quiere que sus intereses sean
intermediados por el gobierno.
Los que
pensamos parecido tenemos que unirnos en
alianzas progresistas. Pero hoy se cree
que cualquier acuerdo es un pacto sucio.
JOSE MANUEL DE LA
SOTA
Se habla
de problemas financieros. Pero el
detonante del crecimiento del riesgo país
fue político: la renuncia del
vicepresidente.
La Alianza
no puede vender ilusiones como el
blindaje. El votante argentino es muy
racional y se guía por los resultados.
Una
reconciliación entre los políticos y la
ciudadanía sólo es posible en torno de
un programa de reactivación económica y
más empleo.
"En la
Argentina, no hay política"
Alain Touraine es
Director de Escuela de Altos Estudios en Ciencias
Sociales de París, la institución universitaria
más importante en ese terreno en Francia y una
de la más destacada en Europa. Autor de
numerosas obras es un especialista en América
Latina, uno de los más renombrados de Europa.
Fue consultado por el corresponsal de Clarín en
Ginebra, Juan Gasparini sobre qué sucede con la
estructura de los partidos políticos y con la
política en la era de la globalización.
-Los partidos políticos
han perdido en general su representatividad, pero
al mismo tiempo han conseguido otra función, que
es el monopolio del acceso al poder. Antes
transportaban el pensamiento de abajo hacia
arriba, tomando en cuenta las demandas sociales.
Ahora se quedan arriba, sobre todo, los que
monopolizan el acceso al poder, agregando que en
muchos casos estos partidos no tiene la capacidad
de realmente participar en el poder. A su vez,
existen partidos separados de sus bases y también
de las grandes decisiones. Estos partidos no
tienen capacidad para gobernar. No se puede
comparar el Partido Revolucionario Institucional
(PRI) de México con los socialistas ingleses,
por ejemplo. El jefe de los socialistas británicos
es el jefe de gobierno, pero hoy en el PRI no se
sabe cuál es su función representativa y quiénes
lo dirigen. Los partidos en general están en
crisis: han perdido contacto con las bases.
-¿Recomendaría
hacer política por fuera de las estructuras
partidarias?
-No se puede hacer
política en un país democrático por fuera de
los partidos. Pero si se la hace por dentro, esos
partidos deben canalizar reivindicaciones democráticas,
como aquellos que vehiculizan el pensamiento de
movimientos políticos o de sindicatos. Entonces,
antes debe haber grupos representables.
Observemos a los ecologistas, con cierto éxito
en Alemania, menos en Francia y son un fracaso en
Italia. Hace falta por tanto una organización
previa a los partidos políticos de contenido
social y cultural, una reivindicación arraigada
como la exigencia ecologista. No hay partidos de
mujeres porque no hay movimientos organizados de
mujeres.
-¿Los políticos
de hoy en día, son agentes del mercado o toman
en consideración lo que piensa la gente?
-La idea de que
los políticos siguen políticas de mercado es
falsa. El Estado maneja más de la mitad del
gasto nacional, en Francia y Suecia, como las
pensiones y la educación, así que no se
sostiene esa pretensión, al menos en el caso
europeo donde el peso del Estado es considerable.
Puede decirse que las políticas del Estado son
anticuadas pero todos concluyen hoy en día en
fortalecer el papel del Estado. Esto es necesario
porque hay transformaciones muy rápidas, de allí
que el rol del jefe es muy importante. Los
cambios rápidos introducen el caos si el Estado
es débil. El gran problema de los países
latinoamericanos es que tienen poca capacidad de
dominar una política y controlar la situación.
Todos esperan en la Argentina que Cavallo tenga
esa capacidad. No hay política en la Argentina.
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