

Cargando noticias externas ...
|
 |
| Novedades: Lecturas Nro. 26 del año 2001 (Al 30 de Julio) |
Lecturas Nro. 26 del año 2001 (Al 30 de Julio) BRASIL: Cerco a
las favelas de Río
En Río de Janeiro hay más de 400 favelas.En Brasil, el
gobierno de Río de Janeiro comenzó este
miércoles la instalación de una cerca de acero
de 24 kilómetros que rodeará los barrios de
invasión o favelas.
Según las autoridades municipales, esta medida
intenta frenar el crecimiento de las llamadas
"ciudades miseria" hacia reservas
ecológicas.
Lo que falta es control, y si se colocan vallas
las personas les van a pasar por encima
Angela Marbal
Según datos oficiales, en esta
ciudad brasileña hay más de 400 barrios de
invasión habitados por cerca de un millón de
personas. Angela Marbal, coordinadora de
proyectos de pequeñas favelas de la
municipalidad de Río de Janeiro, expresó a la
BBC su pesimismo en relación con la efectividad
de la medida.
"Lo que falta es control, y si se colocan
vallas las personas las van a pasar por
encima", comentó.
El problema, según Marbal, es que en las
favelas no se instrumenta la legislación
urbanística existente.
"Al mismo tiempo que se
llega con todos los servicios públicos de la
ciudad, no se aplican algunas normas. Por
ejemplo, no está permitido tener una calle de un
metro de ancho, pero allí hay muchas que son
así", indicó. Y explicó que si se
cumpliera con la ley, "habría que quitar
numerosas viviendas".
BRASIL: La
Violencia de la Desigualdad
Celia Lessa Kerstenetzky
Al principio de este año, el
país y el mundo acompañaron horrorizados los
hechos que ocurrieron en el mayor establecimiento
carcelario de América Latina, el complejo del
Carandirú en Sao Paulo. Miles de presos se
amotinaron y tomaron como rehenes a mas de 1000
personas, en su mayoría, mujeres y niños,
miembros de sus propias familias que se
encontraban allí por el día de visita. En aquel
momento, los brasileños tomaban contacto una vez
mas con un aspecto repulsivo de su realidad, las
cárceles super pobladas, deshumanas y
deshumanizantes, habitadas por individuos en su
aplastante mayoría pobres, poco instruidos,
negros o pardos[2].
La situación carcelaria es
apenas una de las violentas caras de nuestra
profunda y persistente desigualdad socio
económica. El principal responsable por la
situación de pobreza de mas de 1/3 de los
brasileños, es la desigualdad social que en
Brasil es un fenómeno tan arraigado que gana
foros de "trazos culturales". El
desarrollo económico no revirtió nuestra
histórica concentración de riquezas, al
contrario; de ella se benefició; produciendo una
de las racionalizaciones más irónicas y
tristemente famosas de las injusticias sociales:
la que es preciso primero concentrar (crecer)
para después distribuir, que es la versión
nativa de la tesis del "tickle down".
El crecimiento nunca se tradujo en justicia
social.
Como nos vemos
La criminalidad y las crecientes
desigualdades son perversos subproductos del
reciente movimiento de integración global,
alcanzando indiscriminadamente a todos los
países. No obstante, sí es verdad que, en
Brasil, el recrudecimiento de estos fenómenos
puede ser asociado a la forma de integración
reciente del país en la economía global[3], no
es menos cierto que poco se ha hecho para
neutralizar las razones estructurales de las
injustas e históricas desigualdades socio
económicas.
El ajuste económico se ha hecho
para una mayor integración comercial y
financiera del país con el resto del mundo,
delineando al inicio de los años 90 y se fue
profundizando por la implementación del Plan
Real, a partir de 1995. El plan, cuyo objetivo
central era el contener el proceso inflacionario
de hace tiempo instalado en el país, se centraba
en la valorización del cambio, permitiendo que
las importaciones actuasen como freno a la subida
de los precios. De hecho, el proceso
inflacionario fue contenido, la estabilidad de la
moneda garantizada y, consecuentemente, la renta
real de los más pobres se recuperó, hasta
creció de modo de sacar de la pobreza a cerca de
9 millones de brasileños. No obstante, por un
lado, el efecto sobre la pobreza, aún
significativo, no es, por razones intrínsecas,
replicable; entre 1995 y 1996, el contingente de
pobres cae de 41.7% al 33,9%, pero permanece en
ese peldaño, abarcando por un porcentaje cercano
al 34,1% de la población en 1994[4]. Por otro
lado, el plan impuso pesados sacrificios sociales
a la población: 1,3 millones de puestos de
trabajo perdidos en la segunda mitad de los años
90, la precariedad y la informalización del
mercado laboral. En resumen, están asociados, en
el caso de la política de estabilización, dos
efectos sociales contradictorios, que revelan la
insuficiencia de la política económica como
política social.
Desde el final de 1999, la
economía brasileña comienza a dar señales de
reactivación después de dos décadas de
crecimiento mediocre. Además, el país parece
conquistar cada vez mas la difícil
"confianza de los inversores", pues su
vulnerabilidad externa declina en el 2000 en
virtud del cambio operado en el régimen
cambiario. La economía parece, por ahora,
estable. Entretanto, la cuestión social es
urgente pues, a pesar de que somos un país
relativamente rico, con una renta per capita que
puede ser envidiada por el 77% de la población
mundial, esta renta está repartida en forma
extremadamente desigual, lo que explica la
existencia de tanta pobreza. Nuestros indicadores
de desigualdad siguen obstinadamente elevados:
Gini de 0,60 inamovible, entre 1977 y 1999.
Parece cierto que, si se mantiene intacto el
actual pacto social brasileño, serán necesarias
muchas décadas de crecimiento económico
significativo e ininterrumpido para que todos los
brasileños tengan derecho a, por lo menos 1
salario mínimo "per capita"[5](U$
75,50 aproximadamente)
Tomándose dos fuentes de renta,
como el acceso a la tierra y a la educación los
datos son alarmantes: La concentración
histórica de la propiedad rural en Brasil - el
Gini rural era en 1992 igual a 0,8333![6] -
somete a los trabajadores rurales a relaciones
laborales y de renta insuficiente. No es extraño
que sea significativo el trabajo infantil en el
campo, ni tampoco es de extrañarse la gran
pobreza rural, alcanzando cerca del 58% de la
población[7].
En cuanto a la educación, al
contrario de la renta per capita que nos habilita
a disputar un lugar entre el 23% de los
habitantes más ricos del planeta, la escolaridad
promedio en Brasil era, en 1998, todavía muy
baja, cerca de 5,9 años (de estudios) cursados.
Además, no blancos (pardos y negros),
nordestinos y pobres tienen escolaridad promedio
significativamente mas baja que los demás. En
1998, un joven nordestino o no blanco tenia,
promedialmente, 70% de los años de estudio
secundario de un joven del Sudeste o de color
blanco. Mas grave aún es el abismo que separa la
esperanza de escolaridad entre los jóvenes
pobres y los mas favorecidos, teniendo los
segundos cerca de 3 veces el nivel medio de
instrucción de los primeros.
Si es verdad que el país
experimentó una lenta pero firme expansión
educativa y la reducción de sus desigualdades
educacionales, entre grupos de color, religiones
y extractos de renta. A lo largo de las dos
últimas décadas, ambos hechos no consiguen
ocultar la mediocridad de los peldaños
alcanzados[8]. En el caso de las mujeres, la
desigualdad las favorece en términos de
desempeño educacional, y las penaliza en el
mercado de trabajo: el ingreso promedio de las
mujeres era, en 1998, 79% del ingreso promedio de
los hombres[9].
Desigualdades Raciales
En el cuadro de las desigualdades
socio económicas persiste un trazo de la
estructura social brasileña que se ha destacado
a partir de estadísticas mas sistemáticas; las
desigualdades raciales.
Importantes desigualdades
educacionales separan blancos de no blancos:
estos mantienen en promedio, en dos décadas, un
desfazaje de 2 años de estudio con relación a
los blancos. Mientras que en el primer año de
enseñanza primaria la diferencia de tasas de
participación entre blancos y no blancos (pardos
y negros) es pequeña, cerca del 2% (1995), esta
aumenta progresivamente en el correr de los años
de primaria[10]. En la enseñanza superior, el
desfazaje entre blancos y no blancos es
especialmente elevada: a pesar de que representan
cerca del 45% de la población, los no blancos
(negros y pardos) responden por apenas el 15,7%
del total de graduados de 18 cursos superiores
avalados en el 2000. Las diferencias se agudizan
en las carreras de mas prestigio social (como
Derecho o Medicina), con la presencia casi
exclusiva de blancos y amarillos[11].
Esta performance se refleja en el
mercado laboral: en 1998, el ingreso promedio
mensual de los hombres negros y pardos era del
46% del ingreso promedio de los blancos, el de
las mujeres negras es todavía mas bajo, el 40%
de la renta de los hombres blancos. Al contrario
de las mujeres que experimentan una reducción
sistemática del gap entre sus ingresos y el de
los hombres blancos entre 1987 y 1998, los
hombres no blancos experimentan una grieta
constante de ingresos con relación a los
blancos[12].
Ciertamente, mucho del desempeño
inferior de los no blancos se debe a la pobreza,
pues la mayoría de los pobres brasileños son
negros o pardos, revelando que la desigualdad
económica es una parte significativa en las
desigualdades raciales. Pero, ante la performance
educativa relativamente peor de esta sub .
población en el interior de todos los grupos de
renta, se torna crucial la adopción de una
perspectiva de raza en las definiciones de los
parámetros de una política social distributiva.
Además, la discriminación racial se torna más
visible conforme se asciende en la escala de
ingresos, revelando la presencia de un
inaceptable bloqueo a la mobilidad social de los
negros y pardos brasileños: los hombres no
blancos mas ricos tienen el diferencial de
ingresos en relación a los blancos fuertemente
influenciado por discriminación en el mercado de
trabajo.
Una parte del movimiento negro se
basa en la reunión y la organización de
recursos para neutralizar la desigualdad del
acceso a la educación y en apurar la mobilidad
social de los "negros y los
necesitados" con los Movimientos de Pre -
Vestibulares [13] para Negros y Necesitados. El
debate sobre políticas de acción afirmativa
está apenas empezando, pero ya son visibles las
innumerables iniciativas de OSCs, iglesias,
gobiernos (en varios niveles), etc. Poco énfasis
se ha dado específicamente a la política de
cuotas para los no blancos. Pobreza y color se
encuentran muy arraigados. Aunque el color sea,
en el Brasil, un marcador por parte del que
discrimina, nuestro alto grado de mestizaje
enseguida transforma el pobre en negro y el rico
en blanco, mientras que la mayoría de los no
blancos declaran ser "pardos"
(mestizos). Una investigación reciente de la
Universidad de Sao Paulo revela que el brasileño
tiene prejuicio de tener prejuicios: 99% de los
entrevistados dijeron no tener prejuicio de
color, pero el 98% declararon conocer a alguien
que tenia. El énfasis de las acciones y las
posturas de los movimientos sociales han,
coherentemente, recaído sobre el desbloqueo de
la mobilidad social para estos grupos, o sea, en
la dirección de un nuevo arreglo institucional
donde el acceso a las oportunidades de
realización sean independientes al color.
Pobreza o Desigualdad
Pese a la miríada de programas
sociales existentes en Brasil, la sensibilidad
oficial a las desigualdades es todavía pequeña
en el sentido de elegirlas como prioridad
absoluta e inegociable. El impacto de las
políticas sociales ha estado más allá de las
expectativas, a razón del papel secundario que
desempeñaron entre otras las prioridades
oficiales, fuertemente marcadas todavía por las
restricciones macro económicas. Reiteradamente,
el propio presidente ha afirmado no ser su
gobierno el culpable por 500 años de injusticias
sociales, además de reconocer la dificultad de
ecuacionar una redistribución de riquezas en el
país.
Esta postura se ha reflejado en
un desvío de la atención del gobierno hacia la
pobreza. Así, parlamentarios de la coalición
que sostiene al gobierno llegaron a un acuerdo
con las oposiciones y obtuvieron la aprobación
para la creación de un Fondo de Combate a la
Pobreza. Están previstos U$ 5,5 mil millones en
inversiones sociales. El impacto de estas
inversiones puede llegar a ser significativo,
sobretodo en los cerca de 3000 municipios de los
14 estados de IDH mas bajo, especialmente en la
reducción del trabajo infantil, en la
universalización de la enseñanza básica y en
el alivio de las situaciones de pobreza extrema.
No obstante, la modificación del
cuadro de los indicadores sociales brasileños
requiere políticas públicas de mayor impacto y
coherencia, informadas no exclusivamente por el
imperativo de la emergencia, sino también y
principalmente por un real entendimiento de los
factores determinantes en el juego. El actual
gobierno ha hecho que parte del ajuste fiscal
acordado con el FMI sea pago por recortes en el
área social. Por otro lado, restringido por las
restricciones políticas ligadas a su base de
sostén, se encuentra poco a gusto para discutir
otra vez nuestro pacto social y para implementar
políticas redistributivas en profundidad: la
reforma agraria todavía camina lentamente frente
al contingente de cerca de 5 millones de familias
de trabajadores rurales sin - tierra, la
expansión educacional ha dependido de una
evolución lenta e inerte de la estructura social
brasileña[14]y la reforma tributaria está
marcada por el principio de responsabilidad
fiscal del recetario del FMI, insensible a
nuestra extremadamente regresiva estructura
tributaria.
En síntesis, el economicismo que
contaminó la agenda social del país, dando
énfasis al principio de la eficiencia y
minimizando el imperativo de la equidad en la
gestión del gasto social, es, en realidad, parte
integrante de una reflexionada agenda política,
basada en dos creencias dogmáticas: 1) sólo hay
una manera de integración del país al mundo
globalizado, lo que reduce significativamente
nuestra autonomía decisiva; 2) el pacto social
implícito, que, entre otras cosas decide como se
dará la distribución de los costos del ajuste
económico, no puede ser esencialmente
modificado. La violencia de la desigualdad es tan
grande que su visión ofusca.
Instituto Brasileño de Análisis Sociales y
Económicas (IBASE)
observatorio@ibase.org.br
-----------------------------
[1] Profesora del Departamento de Economía de la
UFF, investigadora del Núcleo Interdisciplinario
de Estudios sobre Desigualdad - NIED/ Pronex/MCT
y del CNPqm y consultora del Ibase.
[2] La categoría "pardo" incluye
personas que se declaran mestizas de personas
negras con personas de otro color
[3] C.L.Kerstenetzky y F.J. Carvalho, "How
Far Brazil Has Gotten in Fulfilling Copenhagen
Commitments?", Observatorio de la
Ciudadania, Rio de Janeiro, 2000.
[4] Cf R.Barros, R. Henrrique e R. Mendonça,
"La estabilidad inaceptable: desigualdad y
pobreza en Brasil", Desigualdad y Pobreza en
Brasil, IPEA, Rio de Janeiro, 2000.
[5] Según proyecciones, ceteris paribus, un
crecimiento económico ininterrumpido de 3% a.a.
de la renta per capita reduciría la pobreza a un
valor abajo de 15% en un período de 25 años!
Cf.Barros, Henriques y Mendonça, op. cit.
[6] Cf. S.E.C.S.Cardim, P. Vieira y J.L.R.
Viégas, "Análisis de la Estructura Rural
Brasileña", NEAD/Núcleo de Estudios
Agrícolas e Desarrollo Rural. Homepage:
www.nead.org.br.
[7] Cf Atlas del Desarrollo Humano, 1998.
[8] Silva e Hassengaig, "Tendencias de la
Desigualdad Educacional en Brasil", Dados,
43(3), Rio de Janeiro, 2000
[9] Cf. S.S.D.Soares, "El Perfil de la
Discriminación en el Mercado de Trabajo -
Hombres Negros, Mujeres Blancas y Mujeres
Negras", Texto para Disxussao no. 769, IPEA,
Brasilia, Noviembre de 2000.
[10] Cf.Ruben Klein, "Indicadores
Educacionales para Subpoblaciones Caracterizadas
por el Color". Ensaio,v.5, pp.495-514,
Fundación Cesgranrio, Rio de Janeiro, 1998.
[11] Cf. El diario "A Folha de Sao
Paulo", de 11/02/2001.
[12] Cf. Soares, op.cit.
[13] Pre - Vestibulares son cursos de
preparación para los exámenes de selección
para la entrada a los cursos universitarios.
[14] Cerca de 60% de esta expansión en las
últimas dos décadas se debe a mudanzas en el
mismo organismo como urbanización y transición
demográfica, y apenas 40% a la expansión del
sistema educativo
Arriba
PERU: ¿A dónde va con
Toledo?
Juan Paredes Castro, editor
político del diario 'El Comercio', de Lima,
analiza para SEMANA las perspectivas del nuevo
gobierno peruano.
Por Juan Paredes Castro
La incertidumbre no se acabó en
el Perú con la caída de Fujimori, ni con los
cuidados intensivos del gobierno de transición
de Valentín Paniagua, ni con la elección de
Alejandro Toledo como presidente para los
próximos cinco años.
La incertidumbre está instalada
en el complejo tejido social, político,
económico y cultural del país sin posibilidad
de que ningún poder del Estado, por sí solo,
pueda revertirla a corto plazo.
Este es el principal desafío que
enfrenta Alejandro Toledo, que fue elegido apenas
por un poco más de la mitad del país, que vio
súbitamente cambiado su papel de luchador
político en las calles por el de las exigencias
propias de un hombre de Estado, que a la hora de
armar su equipo de gobierno ha tenido que ceder a
las presiones internas de su partido antes que a
las demandas de sus supuestos objetivos de
gestión.
La incertidumbre tiene que ver,
en principio, con la enorme dificultad de
reinstitucionalizar el país sobre una sociedad
no precisamente democrática.
Es perfectamente entendible el
propósito de despresidencializar el poder
político, que en otras palabras significaría
descentralizar recursos, competencias y funciones
reales a favor de departamentos, provincias y
distritos, demasiado sujetos a la administración
de Lima. Sin embargo esto supone una reforma del
Estado carente por ahora de un diseño de
concepción y de ejecución, pero sobre todo una
capacidad de decisión que lamentablemente no se
percibe en los objetivos del nuevo gobierno.
Las demandas sociales han
aumentado 10 veces más que los índices de
crecimiento económico en un panorama de
recesión de veras preocupante, con el agravante
de que esas demandas fueron alimentadas con las
promesas electorales populistas y demagógicas de
los dos candidatos que disputaron la presidencia
en segunda vuelta: Alan García y el propio
Toledo, ahora obligado a remontar en penitencia
más de un calvario sindical con protestas en las
calles.
La designación de Roberto
Dañino como presidente del Consejo de Ministros
y de Pedro Pablo Kuczynski como ministro de
Economía, ambos vinculados a los círculos de
inversión estadounidenses y con antecedentes de
gestión neoliberal en el último gobierno de
Belaúnde, constituye la mayor apuesta de Toledo
para el saneamiento y la administración de la
hacienda pública. Aquí pretende disparar, con
afinada puntería, a tres blancos nítidos: el
déficit fiscal, la pobreza crítica y el
desaliento inversionista, que viene desde 1976,
año en que el ex presidente Fujimori prefirió
buscar su controvertida reelección.
-nadando contra la corriente- que
encauzar su segundo gobierno por la senda de las
reformas de segunda generación que estaban
pendientes.
Sin mayoría en el Congreso el
partido de Toledo, Perú Posible, ha tenido la
suerte de forjar una mesa directiva de
concertación con las agrupaciones opositoras, de
modo que el gobierno no sólo tendrá una cómoda
luna de miel legislativa de varios meses sino un
espacio político no necesariamente de
confrontación. Este nivel de concertación, si
bien contribuye a crear una atmósfera de
estabilidad, inclina los mecanismos de control y
de fiscalización del Congreso más en dirección
del pasado fujimorista que del presente y futuro
toledista.
De otro lado, la preocupación
central del presidente entrante por establecer
las más urgentes y deseables garantías
jurídicas pasa por un poder del Estado (el
Judicial) en el que legal y constitucionalmente
el Ejecutivo no tiene parte ni corte. Claro que
en la práctica esa ha sido casi siempre una
letra muerta, aun cuando la injerencia política
en la justicia nunca había llegado a los niveles
de abuso del poder y de corrupción como durante
el régimen de Fujimori, en el que un numeroso
grupo de jueces y fiscales funcionó como correa
de transmisión de la red de corrupción del ex
asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos.
El reto para Toledo es que,
contra lo hecho en el pasado, su gobierno está
obligado a ser y parecer respetuoso de la
independencia y autonomía del Poder Judicial,
por el que sí puede hacer dos cosas: generar
iniciativas en el Congreso para aumentar sus
prerrogativas hoy disminuidas y dotarlo de los
recursos y mandatos presupuestales, de los que
dramáticamente carece, justamente para asegurar
su independencia y autonomía.
La lucha contra la corrupción no
será fácil. No se trata sólo de pretender
enfrentar la herencia de Fujimori y Montesinos,
con todas las tareas de investigación y
penalización que quedan, sino la estructura y
organización del Estado, inclusive la propia
cultura del país, proclives a la corrupción,
además de una legislación que torna engorroso e
insuficiente el control que puede ejercerse desde
dentro y desde el Congreso. Demasiadas
inmunidades alrededor de ministros y
parlamentarios hace prácticamente imposible la
fiscalización eficaz de sus actuaciones en la
función pública.
Así las cosas, el presidente
Toledo llegó al 28 de julio no únicamente con
un panorama de incertidumbre -del que es muy
consciente- sino con una disposición de recursos
y condiciones que también tienen la marca de la
incertidumbre. Por eso mismo quiere apelar desde
el primer momento por un trabajo de Estado
concertado, capaz de responder al enorme tamaño
de las demandas sociales y económicas, que ya no
van a calmarse con discursos sino con acciones
realistas y confiables.
|