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Lecturas Nro. 7 del año 2001
Marcos Roitman Rosenmann
El EZLN y las luchas democráticas en América Latina
La historia de América Latina es rica en experiencias y luchas democráticas. Pero también es mezquina cuando se trata de reconocer el papel desempeñado en ellas por las
clases sociales explotadas y dominadas junto con los
pueblos y etnias indígenas. Se les esquilma su
protagonismo, el papel impulsor y con ello se desvanece
el sentido de sus reivindicaciones y sus proyectos democráticos.
Bajo
una interpretación lineal y maniquea de la historia, los
avances sociales y políticos democráticos se consideran
una parte de la historia política del quehacer de las
clases dominantes. Apropiándose de reformas y de luchas
populares, prohombres, héroes impregnados de carisma,
secuestran la sociedad con el fin de someterla a sus
deseos. Regímenes oligárquicos y represivos son
imbuidos de un ethos democrático y progresista. Así las
burguesías y los sectores medios conservadores, sus
elites políticas y sus tanques de pensamiento presentan
los avances democráticos como obras propias. No cabe
duda, son los artífices de la mentira. Para éstos,
Zapata era un sanguinario,Villa un bandolero, y Flores
Magón un anarquista despreciable. Gente sin educación,
sin valores, sin historia. En ellos no se encarna México,
menos aun la tradición democrática.
Dictadores
supremos, caudillos representantes del orden y el
progreso, son los hacedores de la democracia. Alientan el
cesarismo democrático como la solución idónea para
sociedades formadas por indios incultos, borrachos y
flojos. Hay que educarlos y si no se dejan, exterminarlos.
Poblar es civilizar.
Expropiar
sus tierras y aumentar la frontera latifundista. Es el
progreso, la civilización, la lucha contra la barbarie.
Así se construyó la historia contemporánea de América
Latina. Su siglo xx se inició ahogando las voces de la
diferencia. Bartolomé Mitre dijo a Sarmiento en las
guerras contra los pueblos indios de la pampa argentina:
"No ahorre usted sangre de indio, lo único humano
que poseen es el color rojo de su sangre".
No es
extraño que la voz de democracia lanzada por el EZLN se
haya interpretado como un regreso al pasado. La violencia
étnica frente al saber dialogar del hombre blanco. Todo
el arsenal racista de conquistadores, de opresores e
intolerantes emergió y se puso en movimiento. Indios
manipulados no pueden tener ideas. Son utilizados por
izquierdistas, parte de un delirio dirá Aguilar Camín
en la revista Proceso el lunes 10 enero de 1994. Un
regreso al pasado, a las catacumbas, sentencia Aguilar
Villanueva el mismo 10 de enero en Excélsior. ¡Que se
quiten el pasamontañas! Que den la cara, sean demócratas
como nosotros, exclamarán al unísono.
El arma
más poderosa usada por la sociedad blanco-mestiza para
deslegitimar las reivindicaciones democráticas de los
pueblos, etnias y clases sociales explotadas y oprimidas
ha sido el carácter violento de sus demandas. Sin
embargo, la violencia cotidiana de ladinos y las clases
dominantes se ignora o simplemente no existe. Lo visible
se torna invisible. La explotación, las violaciones, la
usura, la tortura, la muerte por hambre o a manos de
paramilitares es propaganda comunista. Para la etnia
hegemónica, blanca-mestiza, en América Latina la única
violencia realmente existente es el grito de ¡basta ya!
de los excluidos, de los explotados, de los pobres, de
aquellos cuya dignidad nunca ha podido ser comprada ni
menos aún silenciada. No resulta extraño que para una
parte de la sociedad ladina no se entendiese el
significado de dignidad presente en los comunicados
realizados por el EZLN.
Sin
embargo, la historia hay que cepillarla a contrapelo.
Unica manera de observar los recovecos, atisbar el
sentido, los nudos y descubrir cómo las manos artesanas
urdieron sus hilos. Las historias no contadas,
desapercibidas cuando el cepillo no se usa en dirección
contraria quedan sin conocer y sin explicar. Desaparecen,
se olvidan hasta que sucesos inexplicables las hacen
emerger sin ninguna lógica aparente.
José
Martí señaló con acierto la necesidad de romper el
colonialismo cultural si queríamos construir una
sociedad libre y democrática. Llamó a conocer la
historia de incas, mapuches, chichimecas, mexicas,
aymaras, quechuas, zapotecas o mayas. Para Martí,
pueblos vivos con historia cuya fuerza obliga a estudiar
y a comprender sus propuestas políticas y su organización.
La historia de Roma o Grecia, sus mitos y leyendas, hay
que conocerlas, pero nunca en detrimento de nuestra
historia. Conociendo sus raíces se puede configurar un
futuro democrático.
Apropiarse
de las reivindicaciones democráticas para justificar un
proyecto neoligárquico es la línea argumental más
recurrente utilizada por las elites políticas liberales
y conservadoras en América Latina. Nunca han sido
portadoras de proyectos democráticos, aunque
experimentan una relación parasitaria viviendo de sabia
ajena.
En México,
el inicio del siglo xxi puede ser un ejemplo para América
Latina, ya lo fue en el siglo xx. De lucha contra el
colonialismo y la explotación global. Por ello es
necesario impedir que la historia dominante nuevamente
minimice el papel destacado de pueblos indios, etnias,
clases sociales dominadas y explotadas, sectores sociales
oprimidos en la lucha democrática. No pueden apropiarse
de la historia.
La
traición, los asesinatos de Emiliano Zapata y Francisco
Villa tuvieron como fin minimizar el papel jugado por las
fuerzas insurgentes en el proceso democrático,
reinterpretando dichos actos como necesarios para lograr
una posterior estabilidad política. Así, la Revolución
Mexicana cambió de sínodo, su parte democrática fue
relegada al olvido cuando no recuperada en símbolos
subliminalmente arrinconados. Hoy, el futuro democrático
de América Latina se juega en gran medida en México.
Bajo otros parámetros, las demandas del EZLN son fruto y
causa de las políticas de liberalismo social aplicadas
durante tres décadas en todo el continente.
No se
trata de un viaje. Tampoco de un diálogo entre un
portavoz insurgente y un poder constituido. Quizás los
pasamontañas expresan algo más que miedo al secuestro
de seres queridos como botín de guerra para ser usados
como rehenes para lograr la claudicación. El anonimato
sugiere una democracia cuyo rostro debe ser el de todos y
no el de unos pocos elegidos. La nación latinoamericana,
nuestra América martiana, emerge en contra de la
ignominia de los siglos xix y xx.
El
siglo xxi debe abrir un proyecto democrático cuya forma
de Estado sea multiétnica. Las reivindicaciones son
demandas realizadas por sujetos sociales. En ellos hay
condición humana, no "indios". ¿Acaso lo
indio no es humano? Tal vez se esconda algo más cuando
se trata de aislar el problema. De presentarlo como algo
exótico propio del folclor indígena. Negar ciudadanía
real, desconociendo una larga tradición de práctica
democrática como el tequio, la más antigua del
continente. Así se crea pensamiento latinoamericano. No
se puede matar al mensajero.
Quienes
deben mostrar el talante democrático son los
intransigentes, el poder constituido, aquel cuya práctica,
en estos años de conflicto, ha sido no respetar los
acuerdos, mentir, encarcelar y militarizar. Pudiendo
cambiar, decide seguir el ejemplo de sus antecesores de
los siglos xix y xx. Esperemos que el 11 de marzo no
defraude a quienes han visto en el EZLN el resultado de
todas las luchas democráticas desarrolladas durante
siglos por las etnias, los pueblos y las clases oprimidas,
dominadas y explotadas de América Latina. Para que la
democracia termine siendo una forma de poder político
plural, donde la máxima de mandar obedeciendo se cumpla
el proyecto del EZLN. Debe realizarse. ¡Viva México! [Volver novedades]
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